Cada 23 de junio, cuando el frío comienza a instalarse definitivamente en el norte del país, el fuego vuelve a convertirse en protagonista. La Noche de San Juan, una tradición de origen europeo que también encontró su lugar en Uruguay, reúne a familias y amigos alrededor de las hogueras para despedir lo malo y dar paso a nuevos deseos.
En Salto, donde el invierno se vive con intensidad y las reuniones alrededor del fuego forman parte de la identidad local, muchas personas mantienen la costumbre de escribir en un papel aquello que desean dejar atrás o aquello que anhelan para el futuro.
Los pedidos de los salteños suelen repetirse año tras año: trabajo, salud, paz familiar y oportunidades para los jóvenes. También aparecen deseos más personales: superar enfermedades, concretar proyectos, encontrar estabilidad económica o recuperar vínculos afectados por el paso del tiempo.
La tradición indica que el fuego tiene un valor purificador. Al arrojar al fuego los papeles con preocupaciones, miedos o angustias, las personas simbolizan el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Del mismo modo, los deseos escritos representan la esperanza de un nuevo ciclo.
En Uruguay, la Noche de San Juan se ha consolidado como una celebración cultural y comunitaria, vinculada al encuentro, la gastronomía y las expresiones artísticas. La quema de los llamados “cedulones de San Juan” continúa siendo uno de los rituales más populares del país.
En Salto, el fuego de San Juan también refleja las preocupaciones de la comunidad. Entre las llamas aparecen pedidos por más empleo, seguridad, oportunidades para los jóvenes, salud para las familias y un futuro con mayor esperanza.
Porque, más allá de las creencias, la noche de San Juan sigue siendo una oportunidad para detenerse, mirar hacia atrás y pensar en lo que cada uno desea dejar atrás y aquello que sueña construir.
Quizás por eso, año tras año, las llamas vuelven a encenderse. Y entre las brasas del invierno, los salteños continúan depositando sus anhelos más profundos.
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