Se cumple un año desde que Carlos Albisu asumió el gobierno departamental de Salto, marcando el inicio de una nueva etapa política tras años de administraciones frenteamplistas. Doce meses después, no solo es momento de evaluar la gestión del gobierno, sino también el desempeño de quienes tienen la responsabilidad de ejercer el contralor político.
Y es precisamente allí donde aparece una de las mayores debilidades del escenario político actual: la ausencia de una oposición sólida, con argumentos, propuestas y una visión alternativa para el departamento.
Lejos de instalar un debate profundo sobre las políticas públicas, las prioridades presupuestales, el desarrollo económico, la infraestructura, la generación de empleo o la recuperación de Salto, buena parte de la oposición ha quedado atrapada en la crítica permanente de aspectos menores. Se cuestionan formas, gestos, declaraciones o situaciones puntuales, pero pocas veces se discute el fondo de las decisiones.
La crítica es una herramienta indispensable en democracia. Nadie pretende una oposición complaciente. Pero criticar por reflejo, por costumbre o por conveniencia política termina debilitando a quien critica cuando los argumentos no logran sostener el peso de las acusaciones.
La ciudadanía distingue cada vez con mayor claridad cuándo existe una denuncia seria y cuándo simplemente se intenta instalar una polémica. La diferencia entre controlar y obstaculizar, entre fiscalizar y descalificar, es enorme.
Salto necesita una oposición capaz de señalar errores con evidencia, de cuestionar con fundamentos y, sobre todo, de ofrecer un proyecto alternativo. Porque la política no consiste únicamente en decir que el otro está equivocado; consiste en demostrar que existe una manera mejor de hacer las cosas.
Hasta el momento, ese debate ha sido escaso. Las propuestas han quedado eclipsadas por declaraciones, conferencias de prensa y críticas que, en muchos casos, parecen responder más a la necesidad de mantenerse en la agenda pública que a una verdadera discusión sobre el rumbo del departamento.
Paradójicamente, una oposición débil tampoco fortalece al gobierno. Sin un contrapeso serio, exigente y preparado, disminuye la calidad del debate democrático. El oficialismo necesita ser interpelado con inteligencia, con datos y con ideas. Esa es la mejor forma de mejorar cualquier gestión.
El primer año del gobierno de Carlos Albisu deja una conclusión que trasciende al propio oficialismo: la democracia salteña necesita elevar la calidad de su discusión política. Menos críticas vacías, menos oposición por obligación y más argumentos. Menos titulares pasajeros y más propuestas de futuro.
Los salteños merecen un debate político que esté a la altura de los desafíos del departamento. Porque gobernar exige responsabilidad, pero hacer oposición también.

