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    Porque adaptarse ya no es una opción. Es parte de la responsabilidad que tenemos frente al Salto que viene.

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    Ago 18, 2026

    Salto tiene que aprender a vivir con un nuevo clima

    Hay anuncios que no deberían quedar solamente en una conferencia de prensa. Deberían convertirse en preguntas incómodas para todos nosotros.

    El anuncio del intendente Carlos Albisu sobre el escenario de inundaciones y los fenómenos climáticos que pueden afectar a Salto y a nuestra región vuelve a poner sobre la mesa una realidad que ya no podemos mirar como algo excepcional: el clima está cambiando y también tendremos que cambiar nosotros.

    No se trata solamente de esperar que el río crezca, preparar un operativo, disponer centros de evacuación o reaccionar cuando el agua llegue. Se trata de empezar a pensar cómo vivimos en una ciudad que históricamente ha convivido con el río Uruguay, pero que ahora enfrenta fenómenos meteorológicos más intensos y escenarios que obligan a anticiparse.

    El Gobierno Nacional ya presentó a los intendentes un plan de contingencia ante el fenómeno de El Niño, con especial preocupación por las lluvias intensas y las posibles crecidas del río Uruguay. Salto, Paysandú y Río Negro aparecen entre los departamentos que podrían recibir un impacto adicional por las crecientes.

    Y Salto conoce demasiado bien lo que significa una inundación.

    Por eso quizás llegó el momento de asumir que adaptarnos también es una responsabilidad ciudadana.

    Cambiar hábitos. Modificar rutinas. Revisar costumbres.

    Aprender a mirar el pronóstico no solamente para saber si llevamos paraguas, sino para decidir si determinada actividad puede realizarse. Entender que habrá días en los que una fiesta, un espectáculo, una actividad deportiva o una salida deberán suspenderse. Que determinados lugares pueden dejar de ser seguros. Que habrá que planificar de otra manera.

    Y también comprender que pequeñas acciones pueden tener grandes consecuencias.

    No tirar residuos donde puedan terminar obstruyendo desagües, cañadas o cursos de agua. Respetar las recomendaciones de las autoridades. No circular innecesariamente durante fenómenos extremos. Ayudar a los vecinos que necesitan asistencia. Tener preparados documentos, medicamentos, linternas y elementos básicos si vivimos en zonas de riesgo.

    Pero, sobre todo, empatizar.

    Porque una inundación no afecta a todos de la misma manera.

    Para algunos será una calle cortada. Para otros puede significar perder muebles, herramientas, animales, una vivienda o meses de trabajo. Para una persona mayor, una familia con niños o alguien con discapacidad, desplazarse durante una emergencia puede ser muchísimo más complejo.

    El cambio climático también nos obliga a recuperar algo que muchas veces parece olvidado: la solidaridad como herramienta de prevención.

    Salto ya viene atravesando episodios que muestran la vulnerabilidad de nuestro territorio. El temporal del 18 de julio dejó cientos de pedidos de asistencia y daños importantes en viviendas e infraestructura. Y el propio CECOED trabaja desde hace semanas en la preparación ante nuevos eventos meteorológicos.

    Pero ninguna estructura de emergencia puede funcionar sola.

    No alcanza con un Estado preparado si la sociedad no está preparada. Y tampoco alcanza con una sociedad responsable si los gobiernos no planifican.

    La adaptación tiene que ser colectiva.

    Tenemos que empezar a discutir cómo queremos que sea Salto dentro de diez, veinte o treinta años. Qué barrios pueden crecer. Cómo construimos. Cómo usamos los espacios cercanos al río. Cómo diseñamos nuestras calles y nuestros sistemas de drenaje. Qué infraestructura necesitamos. Qué actividades podemos sostener en determinados momentos del año.

    Y también tenemos que aceptar algo que puede resultar difícil: quizás algunas cosas que hacíamos antes ya no podamos hacerlas de la misma manera.

    Eso no significa vivir con miedo.

    Significa vivir con conciencia.

    El cambio climático no es una noticia que ocurre lejos. Está en nuestra región, en nuestras lluvias, en nuestros temporales, en nuestros ríos y en las decisiones que tendremos que tomar.

    Salto tiene una historia profundamente ligada al río Uruguay. Quizás el desafío de esta generación sea aprender a convivir con él de una manera diferente.

    No podemos cambiar el clima de un día para otro.

    Pero sí podemos cambiar nuestros hábitos.

    Podemos cambiar nuestras costumbres.

    Podemos cambiar nuestras prioridades.

    Y podemos entender que prepararnos, cuidarnos y cuidar al otro también forma parte de ser salteños y salteñas.

    Porque adaptarse ya no es una opción. Es parte de la responsabilidad que tenemos frente al Salto que viene.