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    Padre Pío, una presencia que dejó huellas en Salto

    PorQuinto Elemento

    Sep 23, 2026

    Este 23 de septiembre la Iglesia Católica recuerda a San Pío de Pietrelcina, una de las figuras religiosas más populares del siglo XX. En Salto, la fecha tiene además un significado especial: la historia del santo italiano quedó ligada de distintas maneras a nuestra diócesis, a sus sacerdotes, a testimonios de fieles y, de manera muy particular, a la Gruta del Padre Pío de La Aurora.

    El 23 de septiembre no es una fecha elegida al azar. Es el día en que murió Padre Pío, en 1968, en San Giovanni Rotondo, Italia. Tenía 81 años. Años después, el 23 de septiembre quedó establecido como su fiesta litúrgica cuando fue beatificado por Juan Pablo II en 1999. En 2002 fue canonizado y pasó a ser oficialmente San Pío de Pietrelcina.

    Había nacido el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, con el nombre de Francesco Forgione. A los 15 años ingresó al noviciado de los Frailes Menores Capuchinos y posteriormente fue ordenado sacerdote. Desde 1916 desarrolló prácticamente toda su vida religiosa en San Giovanni Rotondo.

    Su figura estuvo marcada por una intensa vida de oración, la confesión, la celebración de la Eucaristía, la dirección espiritual y una particular devoción a Cristo crucificado. También fueron conocidos sus estigmas, circunstancia que contribuyó enormemente a la fama que alcanzó en vida. La Iglesia, sin embargo, ha destacado fundamentalmente sus virtudes, su vida de oración, sacrificio y servicio.

    Padre Pío y Salto: una historia particular

    Pero para Salto, hablar del Padre Pío es hablar de una historia que excede la simple devoción a un santo.

    La relación con nuestra región tiene varios capítulos. Uno de ellos está vinculado con monseñor Fernando Damiani, sacerdote que posteriormente sería Vicario General de la Diócesis de Salto y que conoció personalmente al Padre Pío en Italia. De aquel encuentro nació una relación que quedó profundamente grabada en la memoria religiosa salteña.

    Existe además un episodio que forma parte de la tradición y de los testimonios vinculados a ambos religiosos: la promesa que, según quienes reconstruyeron aquella historia, el Padre Pío le habría hecho a Damiani de estar junto a él en el momento de su muerte. Años después, cuando Damiani falleció, familiares y personas cercanas relataron una experiencia que interpretaron como una presencia del Padre Pío en ese momento.

    Se trata de un episodio de carácter religioso y testimonial, transmitido durante décadas, y que forma parte de la particular historia de la devoción al santo en Salto.

    La Gruta de La Aurora

    Quizás la expresión más visible de esa devoción se encuentre en La Aurora, establecimiento situado sobre el río Daymán, en la zona limítrofe entre Salto y Paysandú.

    Allí se encuentra la conocida Gruta del Padre Pío, inaugurada el 25 de mayo de 1987, en el centenario del nacimiento del santo. Desde entonces se transformó en un lugar de peregrinación para personas de distintos puntos del Uruguay y también del exterior.

    La propia Intendencia de Salto incluye la gruta entre los lugares de interés del departamento y señala que se encuentra en el entorno del kilómetro 486 de la Ruta 3, en el predio de la estancia La Aurora.

    La historia del lugar también estuvo atravesada por distintas etapas en la relación con la Iglesia. Según una investigación publicada recientemente, el obispo de Salto monseñor Carlos Alberto Nicolini estuvo presente en la inauguración y, posteriormente, hubo períodos en los que desde la diócesis se desalentaron las visitas. La relación comenzó a modificarse nuevamente durante el obispado de Pablo Galimberti, cuando volvieron a celebrarse misas en La Aurora. Desde entonces, la diócesis participa en celebraciones vinculadas con el 25 de mayo y el 23 de septiembre.

    Reliquias, testimonios y memoria

    La presencia del Padre Pío también dejó otras huellas en Salto.

    En la parroquia Catedral San Juan Bautista existe una pequeña reliquia vinculada al santo, mientras que en las inmediaciones de Cervantes y Morquio se encuentra una gruta levantada en su memoria. Allí también fue inaugurado, el 23 de septiembre de 2005, un gran cuadro del Padre Pío realizado por el artista plástico salteño Hugo Rossi.

    Durante décadas circularon además testimonios sobre la existencia en Salto de mitones utilizados por el Padre Pío. Algunos de esos relatos están vinculados con familias salteñas y con personas que afirmaron haber recibido gracias o curaciones mediante su intercesión. Son historias de fe y testimonios personales que forman parte de la tradición devocional local, aunque no deben confundirse con hechos históricos o médicos comprobados.

    La documentación y los testimonios reunidos a lo largo de los años muestran, en cualquier caso, que la figura del Padre Pío adquirió en Salto una dimensión muy particular. No quedó solamente en las imágenes de un santo italiano lejano: pasó a formar parte de historias familiares, de sacerdotes, de peregrinos y de espacios concretos de nuestra región.

    ¿Qué significa el 23 de septiembre?

    Por eso, cada 23 de septiembre tiene para los devotos del Padre Pío un significado que va mucho más allá del aniversario de una muerte.

    Es una jornada de oración, de encuentro y de recuerdo de un hombre que hizo de la fe, el servicio y el acompañamiento espiritual el centro de su existencia.

    En Salto, además, es una fecha que vuelve a poner en escena una historia singular: la de un santo nacido en una pequeña localidad italiana que, décadas después, terminó dejando una huella profunda en esta parte del Uruguay.

    Este miércoles 23 de septiembre, la celebración tendrá también su expresión concreta en Salto. En la Capilla Nuestra Señora de Fátima, en Cervantes y Morquio, se anunciaron misas, Santo Rosario, bendición de los enfermos, adoración y confesiones, en el marco de la festividad de San Pío de Pietrelcina.

    Y quizás esa sea una de las claves para comprender la permanencia del Padre Pío: para algunos es un santo; para otros, un intercesor; para otros, una historia llena de misterio. Pero para generaciones de salteños, su nombre forma parte de la propia memoria espiritual de la ciudad y de la región.

    Cada 23 de septiembre, esa memoria vuelve a hacerse presente.