En Uruguay hay derechos reconocidos, pero todavía existen barreras. En Salto, la inclusión también empieza por algo tan básico como poder comunicarnos
Hay personas que hablan con la voz. Otras lo hacen con las manos, con el rostro, con la mirada y con el cuerpo.
La Lengua de Señas Uruguaya (LSU) no es un conjunto de gestos ni una forma improvisada de comunicarse. Es una lengua, con su propia estructura y características, y constituye una parte fundamental de la identidad de la comunidad sorda de nuestro país.
Uruguay reconoció oficialmente la LSU en 2001, a través de la Ley N.º 17.378. Ese reconocimiento significó un avance enorme: las personas sordas tienen derecho a comunicarse en su lengua y a acceder a la información, la educación, la salud y los servicios públicos en condiciones de igualdad.
Pero entre lo que dice una ley y lo que sucede todos los días existe, muchas veces, una distancia.
Cuando una consulta sencilla se convierte en una barrera
Para una persona oyente, concurrir a una policlínica, realizar un trámite, presentarse ante una oficina pública, hacer una denuncia o participar de una entrevista puede ser algo cotidiano.
Para una persona sorda usuaria de LSU, puede convertirse en un verdadero obstáculo si no existe un intérprete o un mecanismo de comunicación accesible.
Y ahí aparece una pregunta que como sociedad debemos hacernos:
¿La dificultad está en la persona sorda o está en una sociedad que todavía no aprendió a comunicarse con ella?
La respuesta habla mucho de nuestro concepto de inclusión.
Porque incluir no significa solamente permitir que alguien entre. Significa garantizar que pueda entender, expresarse, decidir, participar y ser escuchado.
Salto también tiene este desafío
En nuestro departamento existen servicios de interpretación en Lengua de Señas Uruguaya y herramientas que buscan facilitar el acceso de las personas sordas a diferentes ámbitos.
Pero la inclusión no puede depender exclusivamente de encontrar un intérprete cuando surge una necesidad.
También necesitamos que las instituciones, los servicios, los centros educativos, los comercios, los medios de comunicación y la sociedad en general incorporen progresivamente herramientas de accesibilidad.
Que una persona sorda pueda realizar un trámite sin sentirse extranjera en su propia ciudad.
Que pueda ingresar a un centro de salud y explicar qué le pasa.
Que un estudiante pueda recibir una clase y participar.
Que pueda acceder a una noticia, comprender una campaña pública o ejercer sus derechos.
Eso también es ciudadanía.
Aprender a mirar de otra manera
Quizás uno de los primeros pasos sea dejar de mirar la discapacidad desde la carencia.
Una persona sorda no carece de una lengua.
Tiene una lengua diferente.
Y cuando nosotros no conocemos esa lengua, la barrera no necesariamente está en quien no escucha. Muchas veces está en quienes no hemos aprendido a comunicarnos.
Por eso, enseñar y acercar la Lengua de Señas Uruguaya a la sociedad no debería ser visto únicamente como una política dirigida a las personas sordas.
También es una herramienta de convivencia.
Aprender algunas señas puede parecer un gesto pequeño. Pero para quien necesita comunicarse, puede significar muchísimo.
Una ciudad verdaderamente inclusiva
Salto habla permanentemente de inclusión, de derechos y de igualdad.
Pero una ciudad inclusiva se construye en los detalles.
En una ventanilla.
En una escuela.
En una policlínica.
En una oficina pública.
En un espectáculo.
En un medio de comunicación.
En cada lugar donde una persona necesita ser escuchada.
La Lengua de Señas nos recuerda algo esencial: comunicar no es solamente hablar. Comunicar es lograr que el otro pueda comprendernos y que nosotros podamos comprender al otro.
Desde Quinto Elemento, creemos que hablar de inclusión también es hablar de estas realidades que muchas veces permanecen invisibles.
Porque detrás de cada silencio puede existir una historia, una opinión, una necesidad, un sueño.
Y quizás el verdadero desafío no sea enseñarles a las personas sordas a vivir en nuestro mundo.
Quizás el desafío sea que nosotros aprendamos a construir un mundo donde también puedan sentirse plenamente parte.

