MarÃa Sol: el amor que permanece y el deber de hablar para prevenir
Hay dolores que no conocen de fechas. No entienden de feriados, aniversarios ni dÃas especiales. Están presentes al despertar y vuelven a hacerse sentir cuando la casa queda en silencio. Son dolores que aprenden a convivir con nosotros, aunque nunca dejen de doler….
En este DÃa Nacional de Prevención del Suicidio, es imposible no pensar en MarÃa Sol. Nuestra sobrina, mi sobrina, la hija adorada de Fiore, de Luis, la hermana de Estefita. La chiquita que en noviembre del año pasado partió, decidió volar, sentirse hadita, decidió dejar de sufrir, decidió partir, dejando un vacÃo imposible de llenar. y un dolor cruel y gigantezco.
Quienes no han atravesado una pérdida asà difÃcilmente puedan comprender su dimensión. No se trata solo de extrañar una sonrisa, una charla o un abrazo. Se trata de aprender a vivir con preguntas que muchas veces no tienen respuesta. De ver el dolor inmenso de una madre, de un padre, de un hermana, de toda una familia que cada dÃa hace el enorme esfuerzo, sobrehumano de seguir adelante.
Y también está esa » Bebita»su perrita que tanto amaba, que esperaba su regreso con su amor de siempre, recordándonos que no entiende nunca de ausencias.
Pero hay otra realidad de la que también debemos hablar. Después de una tragedia como esta, muchas veces aparecen personas que ese dÃa estuvieron, o que ni siquiera estuvieron, y con el paso del tiempo desaparecen. El silencio reemplaza al acompañamiento. La empatÃa se desvanece. Y, en algunos casos, llegan los juicios, los comentarios, las interpretaciones apresuradas sobre la familia, sobre las relaciones personales, sobre las decisiones que se tomaron o las que no se tomaron.
No hay nada más injusto que cargar sobre quienes sobreviven el peso de una culpa que ya llevan, aunque nadie se la imponga. Las madres, los padres, los hermanos y quienes amaban profundamente a esa persona suelen preguntarse una y otra vez qué podrÃan haber hecho distinto. Agregarles el juicio ajeno solo profundiza una herida que jamás termina de cerrar.
La prevención del suicidio también exige una sociedad más humana. Una sociedad que acompañe en lugar de señalar. Que abrace en lugar de juzgar. Que permanezca cuando las cámaras se apagan, cuando las flores se secan y cuando las publicaciones en redes sociales dejan de existir. Porque el verdadero acompañamiento comienza cuando pasa el impacto inicial y empieza el largo camino del duelo.
Necesitamos construir una sociedad donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza. Donde la salud mental tenga el mismo valor que cualquier otra enfermedad. Donde nadie sienta que es una carga o que su dolor no merece ser escuchado.
No siempre tendremos las respuestas. No siempre sabremos qué decir. Pero siempre podemos estar presentes. Un mensaje, una llamada, un abrazo, unos minutos de escucha sincera pueden marcar una diferencia enorme.
Hoy recordamos a MarÃa Sol con amor. No por la forma en que se fue, sino por la vida que compartió con quienes la quisieron. Porque su historia nos duele, pero también nos compromete. Nos invita a cuidar más, a escuchar mejor y a estar atentos a las señales de quienes pueden estar atravesando un momento de profunda desesperanza.
Si esta reflexión llega a una sola persona que hoy siente que no puede más, queremos decirle algo muy simple: no estás solo. No estás sola. Tu vida importa, incluso cuando hoy no puedas verlo. Hablar con alguien de confianza o con un profesional puede ser el primer paso para atravesar ese momento tan oscuro.
MarÃa Sol seguirá viviendo en nuestros recuerdos, en las anécdotas, en las risas compartidas y en el amor inmenso que sembró en su familia. Que su memoria también sea un llamado a mirar con más sensibilidad a quienes sufren, a sostener a las familias que atraviesan un duelo tan difÃcil y a comprender que la empatÃa no puede durar un dÃa: debe permanecer cuando más se necesita.
Porque prevenir el suicidio es, antes que nada, un acto de amor. Y porque acompañar a quienes quedan también es una forma de cuidar la vida.
Espero que este texto pueda honrar la memoria de MarÃa Sol, de Solcito, de la Maria como dice Estefita , con respeto y, al mismo tiempo, transmitir un mensaje que nos lleve a la reflexión, la empatÃa y la prevención.
A Maria Sol, la excelente profesora de piano, la universitaria, la amiga,la prima amada, la hija dulce ,preocupada, solidaria ,mimosa, la nieta de la Tere y del Ruso tan amada, el Sol de Fiore..
A ella el amor infinito

