La confirmación oficial del regreso de El Niño terminó con semanas de especulaciones entre meteorólogos y organismos especializados. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) declaró que el fenómeno ya se instaló en el océano Pacífico tropical y proyectó un escenario que podría convertir al próximo episodio en uno de los más intensos registrados desde mediados del siglo XX.
La decisión de la agencia estadounidense responde a que la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial superó el umbral necesario para declarar el inicio del evento. Según explicó el meteorólogo argentino Leonardo De Benedictis al diario La Nación, El Niño se considera establecido cuando «la temperatura del agua de la superficie del océano Pacífico se mantiene por encima de medio grado respecto del promedio durante un período determinado». Esa condición ya se cumplió.
La preocupación no radica únicamente en la confirmación del fenómeno, sino en su posible evolución. La NOAA estima una probabilidad del 63% de que alcance una categoría «muy fuerte» entre noviembre de 2026 y enero de 2027, un comportamiento que lo ubicaría entre los eventos más significativos desde que comenzaron los registros sistemáticos en 1950.
En su informe, el organismo sostiene que existe una alta confianza en ese escenario debido al elevado contenido de calor acumulado en el océano y a la expansión de los vientos sobre el Pacífico ecuatorial, condiciones que favorecen el fortalecimiento del fenómeno durante el verano austral.
Sin embargo, los especialistas advierten que un episodio intenso no implica consecuencias idénticas para todas las regiones. La propia NOAA señala que los impactos dependerán de las características climáticas de cada zona.
En tanto, De Benedictis indicó que «el impacto fuerte se dará a partir de la primavera«. Durante el invierno, en cambio, podrían registrarse temperaturas menos rigurosas y una menor frecuencia de heladas respecto a los valores habituales, aunque sin un incremento significativo de las precipitaciones.
Las previsiones coinciden con otras evaluaciones difundidas recientemente para la región. Semanas atrás, el meteorólogo Nubel Cisneros había advertido sobre la llegada de un episodio conocido popularmente como «El Niño Godzilla», denominación utilizada desde hace años para describir eventos excepcionalmente intensos por su capacidad de generar lluvias abundantes y fenómenos meteorológicos severos.
En la región, el antecedente más cercano de una situación comparable corresponde al episodio de 2015-2016, que provocó importantes excesos de lluvia, crecidas de ríos e inundaciones en varios países sudamericanos.
A ese diagnóstico se sumó el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI), que confirmó un escenario de intensidad fuerte a muy fuerte. El meteorólogo uruguayo Mario Bidegain señaló que las proyecciones más recientes adelantaron el desarrollo del fenómeno respecto de las estimaciones iniciales, ubicando su consolidación entre julio y setiembre.
De acuerdo con esas proyecciones, Uruguay podría experimentar un aumento de las precipitaciones durante la segunda mitad del año, con episodios de lluvias intensas capaces de provocar inundaciones en algunas zonas. También se prevén períodos con temperaturas superiores a las normales para el invierno, especialmente sobre la franja costera, alternados con irrupciones muy marcadas de aire frío asociadas al desplazamiento de ciclones en el Atlántico, capaces de provocar descensos bruscos de temperatura en pocas horas.
Aunque los modelos climáticos muestran una elevada coincidencia sobre la presencia de El Niño, los especialistas recuerdan que aún resta definir con precisión cómo se distribuirán sus efectos sobre cada región del Cono Sur. Las próximas actualizaciones de los centros internacionales permitirán afinar los pronósticos a medida que el fenómeno continúe fortaleciéndose.

