La cifra golpea. Detrás de cada número hay una historia de vulnerabilidad, de soledad y de lucha contra las bajas temperaturas. En las últimas horas, un total de 74 personas debieron ser alojadas en refugios y centros de contingencia en Salto, en medio de noches cada vez más frías.
En el Refugio Asencio fueron asistidos 55 ciudadanos: 46 hombres y 8 mujeres, reflejando una realidad social que sigue creciendo y que exige respuestas permanentes, no solo de emergencia. A esto se suman otras 19 personas alojadas en el Batallón, completando un panorama que interpela a toda la sociedad.
El invierno todavía no llegó oficialmente, pero el frío ya comenzó a mostrar su cara más dura. Y cuando las temperaturas bajan, también quedan al descubierto las desigualdades, la fragilidad económica y el abandono que muchas personas viven en silencio.
La asistencia es fundamental, pero también lo es la empatía. Porque nadie elige dormir sin abrigo, pasar hambre o enfrentar una noche helada en la calle. Cada plato caliente, cada frazada y cada gesto humano pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Las cifras no deben naturalizarse. Deben movilizar. Porque mientras haya una sola persona necesitando refugio para sobrevivir al frío, la responsabilidad es colectiva.

