El Ejército de Estados Unidos decidió llevar energía nuclear directamente a sus bases militares ante el escenario de una guerra también pueda librarse contra la electricidad que mantiene funcionando sus instalaciones dentro del propio territorio estadounidense.
Cinco bases serán las primeras en recibir microreactores nucleares, pequeños sistemas de fisión pensados para producir energía de manera independiente de la red comercial. La apuesta busca que una instalación pueda seguir operando incluso si un ataque físico, un ciberataque o una interferencia electromagnética cortan el suministro.
El proyecto forma parte del Programa Janus, impulsado junto con la Unidad de Innovación de Defensa, y contempla contratos por hasta US$ 2.200 millones, según informó Business Insider.
Según la explicación, esta inversión se da ante las amenazas que representa un corte prolongado de luz, que puede afectar desde las comunicaciones y los centros de comando hasta sistemas vinculados con armamento y operaciones.
“A diferencia de conflictos anteriores, ahora sabemos que nuestra red eléctrica doméstica está potencialmente en riesgo”, explicó Jeff Waksman, subsecretario adjunto del Ejército para Energía y Sostenibilidad.
La alternativa tradicional ante una caída de la red son los generadores a combustible, pero el Ejército identificó ahí otro problema: en una guerra tampoco puede dar por sentado que podrá mover grandes cantidades de combustible hacia cualquier base que lo necesite.
“También sabemos que no necesariamente podremos trasladar combustibles fósiles fácilmente a donde los necesitemos”, sostuvo Waksman.
Para la primera etapa, el Ejército seleccionó cinco empresas distintas y asignó cada una a una base diferente. Las instalaciones fueron elegidas después de analizar sus necesidades de energía, costos y riesgos, entre ellos la actividad sísmica de cada zona.
Cada compañía desarrollará en paralelo su propio reactor, por lo que tanto la cantidad de unidades como la potencia final podrán variar de una base a otra.
El objetivo también es evitar apostar todo a una sola tecnología. “Sabemos que esto va a ser muy difícil y que existe una posibilidad real de que una o más de estas compañías fracasen”, reconoció Waksman.
Por eso el Ejército quiere mantener varios desarrollos en competencia y evitar quedar atado a un solo proveedor mientras una tecnología que todavía se encuentra en fase de consolidación comercial supera pruebas, certificaciones y construcción.
Asimismo, las cinco bases seguirán conectadas a la red convencional. Los microreactores funcionarán como una fuente propia capaz de tomar el relevo cuando el suministro principal se vea comprometido.
Los microreactores utilizan el mismo principio básico que una central nuclear tradicional —la fisión de átomos para liberar energía—, pero en instalaciones mucho más pequeñas y pensadas para ser desplegadas cerca del lugar donde se necesita la electricidad.
El Ejército apunta a tener más de 20 microreactores instalados en dependencias del Departamento de Defensa para 2028, aunque todavía no definió cuánto costaría extender el modelo a otras bases.
El Programa Janus comenzó después de una orden ejecutiva del presidente Donald Trump para acelerar el desarrollo y despliegue de reactores nucleares.
La apuesta se complementa con el Project Pele, otra iniciativa del Pentágono que desarrolla un microreactor móvil y que, según el Ejército, ya permitió estudiar qué riesgos implicaría operar uno de estos equipos en un entorno militar.

