«Si el Diablo gobierna hay que tener cuidado. La cultura NUNCA puede estar de lado»
Se puede entender desde el mas bien intencionado lugar de la conciencia, la voluntad del Intendente de comprar insumos para los salteños. Aunque llame un poco la atención, asumiendo que es a esos efectos, el show mediático en torno a la compra misma. Exhibiciones de días, carteles con nombre y apellido, como si la compra hubiera salido del bolsillo del individual individuo. Cuestión de estilo, de buen o mal gusto. La cuestión es que tenemos flota nueva y de todo un poco para el vitumen y el portland. «Las obras» ese monstruo que se convirtió en la invocación de todos al momento de valorar gobiernos. Millones de dólares, proyectos a medio ejecutar, obras como forma de conectar con la sociedad y hacer política. La arena y la piedra sustituyendo el talento y la capacidad. Sabemos sin embargo que las obras son necesarias, pero lamentablemente venimos de un gobierno tal, que aplaudimos las obras que son deber de la comuna como si fueran extraordinarias acciones excepcionales. Como decía una vecina «en estos tiempos cualquier bondad parece cosa de Santo». Lo cierto es que hace 10 años Salto no conoce una agenda cultural coordinada ni una política cultural local. El plano central lo ocupa la magna estructura, el hierro y el concreto. Grises y frios se elevan por sobre nuestra cultura y nuestro patrimonio. La burguesía salteña tiene un puente para no pisar el mismo suelo que los pobres, mientras van a recrearse tan costosamente, regalo del Intendente. Entonces notamos como los museos están abandonados y muertos, cómo nuestro patrimonio cultural no se preseva ni se valora, cómo nuestra juventud no tiene una propuesta cultural variada y gratuita para desarrollar sus intereses. Pero hay un símbolo como no hay otro: el muro de Quiroga. Cuando uno recibe una notificación de que el Colectivo Licuado, muralistas que han pintado muros inmensos en ciudaes de todo el mundo, con una técnica excelsa, llegan a nuestra ciudad pagos enteramente por una empresa privada a pintar un mural de Horacio Quiroga y la capacidad de gestión y la visión cultural estratégica te lleva a asignarles un muro inundable y mal ubicado, estás en el fondo del horno. Como decía el señor que me arregló el lavarropas «no es así que funciona la cosa». Hoy, habiendo sobrevivido una inundación, este mural de un valor artístico que honra nuestra ciudad y nos enriquece a todos, jerarquizando enormemente una zona sumamente abandonada de nuestra ciudad, se le colocan en frente los benditos contenedores, una muestra clara de qué prima en este gobierno y qué queda literalmente oculto y en segundo plano. Deteriorando la obra y raspando la pintura. Inconsciencia, falta de respeto al arte y la cultura y falta de sensibilidad. Pedirle peras al olmo es demasiado a estas alturas, y miren que las expectativas ya eran bajas. Esperamos se corrija esta situación a la brevedad y definitivamente. Si hay algo cierto es que aún sin una mínima voluntad política de gestionar cultura en nuestro Departamento, la cultura no deja de emerger y en Salto hay muchísimo talento, historia, trabajo y patrimonio cultural en todas las ramas. Como decía César Rodríguez Musmanno «Considero la pintura mural como arte público, es decir, la expresión artística mas democrática que podamos concebir…»
Arya Velour



