
Hace exactamente catorce años y meses que el cuerpo de Charles Ferreira aparecía sin vida a la vera en Ruta 31 luego de ser sacado de un baile por la policía.
Las hipótesis fueron infinitas y las incongruencias en la investigación miles.
Un incansable Juan José Barreto recorrió los medios reclamando justicia convencido que la muerte de Charles no fue un accidente.
El tiempo madura la conciencia y la conciencia desnuda verdades. El nuevo equipo legal de la familia de Charles está convencido que la figura del arrepentido puede dar certeza de una especulación macabra: «a Charles se lo mató de un contundente golpe en la cabeza, se lo tiró en la ruta y un vehículo con el cuerpo sin vida llegó a tocarlo».
Lo del siniestro ha sido hasta ahora la herramienta fuerte manejada ante un mal procedimiento policial a lo que suma la aparición de una nueva testigo indirecta que «probablemente» desnudará un relato de esa trágica noche que hasta hoy no se sabía.
Existe en este largo proceso la figura de un arrepentido que se contradijo tres veces en su declaración y la autopsia que no convive ni por asomo con un siniestro carretero.
Charles pide justicia y la justicia está cerca.
