
Cuando en el proceso de cambio de mando entre la administración Coutinho y Lima la sociedad se vio dividida ante una lista de 500 ceses que posteriormente quedaron en 251, todos nos vimos apasionados en aquello de quien pregonó «los que entran conmigo, conmigo se van».
De aquella lista original negociada por el sindicato municipal, en juzgamientos que pueden pasar por lo «cristalino» (¿?), direccional, objetivo (¿?), quedaron un total de 230 funcionarios que al día de hoy no tienen claro su futuro laboral ya que dependen del humor y decisión de quien ostenta el cargo más importante del departamento.
Eso de por si ya es un problema sin resolver, que ha sido cajoneado por Lima ante pedido formal y por escrito en base a decisión de asamblea, de la estabilidad laboral de esos trabajadores con la decisión de consultar a grados 5 de la Universidad de la República por entender que supera las decisiones del gobierno departamental.
Pero si a eso le sumamos una frutillita no esperada en el postre, encontramos que aquello de comparar el anterior gobierno con el actual es mucho más que una coincidencia, arribamos a que el clientelismo político llega a la amenaza de la estabilidad laboral de otros tantos.
Entre 80 y 90 ingresados por designación directa en esta administración, afiliados al sindicato, forman parte de una negociación espúrea de Lima. «Si hablamos de esos 230 de Coutinho, tenemos que hablar de estos 80 o 90», deslizó el emperador en reuniones de negociación.
Le ha tirado el peso al sindicato que se encuentra en el brete de resolver la defensa de los afiliados o la defensa de un sistema político que ha pasado a ser perverso. Muchos de los afiliados al sindicato, en esa lista de 80 o 90, son grados bajos, con tareas de servicio, pero nadie en este mar de dudas puede descartar que algunos firmes punteros políticos del actual intendente la integren y lo que inicialmente sea una promesa de trabajo a cuenta de votos, termine siendo una carnicería política que no mida consecuencias.
