Los pequeños detalles del habla diaria —las pausas, los «eh», los momentos en que uno se traba buscando una palabra— podrían dar más información sobre la salud cerebral de lo que se pensaba. Así lo concluye una investigación realizada en Canadá por el centro Baycrest, la Universidad de Toronto y la Universidad York, publicada en el Journal of Speech, Language, and Hearing Research y difundida esta semana por el portal ScienceDaily.
El equipo encontró que ciertas características sutiles de la manera de hablar están estrechamente vinculadas con la función ejecutiva: el conjunto de habilidades mentales que incluye la memoria, la planificación, la atención y el pensamiento flexible. Y proponen que el análisis del habla espontánea podría convertirse en una herramienta sencilla para detectar señales tempranas de demencia, mucho antes que las pruebas tradicionales.
“El mensaje es claro: la temporalidad del habla es más que una cuestión de estilo, es un indicador sensible de la salud cerebral”, afirma el doctor Jed Meltzer, científico principal del Rotman Research Institute de Baycrest y autor senior del trabajo, en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Cómo se hizo el estudio
Los participantes vieron imágenes detalladas y las describieron con sus propias palabras. También completaron pruebas estandarizadas para medir la función ejecutiva. Los investigadores aplicaron luego inteligencia artificial al análisis de las grabaciones.
El sistema detectó cientos de rasgos sutiles como longitud y frecuencia de las pausas, uso de muletillas, patrones temporales del habla que predijeron de manera consistente el rendimiento cognitivo de las personas, incluso después de ajustar los resultados por edad, sexo y nivel educativo.
Los hallazgos amplían un trabajo previo del mismo equipo, publicado en 2024, que había mostrado que los adultos mayores que hablan más rápido tienden a conservar mejores habilidades de pensamiento con el correr de los años.
Por qué podría servir para la detección temprana
La función ejecutiva se debilita naturalmente con la edad y suele verse afectada en las primeras etapas de la demencia. Las pruebas cognitivas estandarizadas son difíciles de repetir con frecuencia: llevan tiempo y, además, las personas tienden a mejorar simplemente por familiarizarse con el test.
El habla natural ofrece una alternativa más simple. Como hablar forma parte de la vida cotidiana, puede medirse de manera repetida y discreta, a gran escala. Los investigadores también señalan que el habla aporta información valiosa sobre la velocidad de procesamiento y el funcionamiento cognitivo general en situaciones reales, sin necesidad de aplicar los límites de tiempo estrictos que tienen muchas evaluaciones tradicionales.
“Esta investigación sienta las bases para desarrollar herramientas que ayuden a monitorear cambios cognitivos en las clínicas, o incluso en el hogar. La detección temprana es crítica para cualquier cura o intervención, ya que la demencia involucra una degeneración progresiva del cerebro que puede ser desacelerada”, agregó Meltzer.

