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    La Venta controlada de cannabis provocó aumento de Muertes; sobre todo, el amarrado al Narcotráfico?

    PorDaniel Caiazzo

    May 31, 2022

    Cuando Uruguay tomo el rumbo de ser el primer país del mundo en legalizar el mercado de marihuana, asumió un reto atrevido; disputarle el negocio de esa droga a los “narcos”, a las bandas que estaban instauradas en el país, desde la producción hasta la venta.

    Fue «una medida contra el narcotráfico (para) robarle mercado», explicaba el entonces presidente uruguayo, José Mujica, un líder de izquierda que impulsó esa política. Nueve años después de la aprobación de aquella ley que llamó la atención internacional en diciembre de 2013, el país todavía muestra resultados ambiguos en materia de drogas.

    Por un lado, estimaciones oficiales divulgadas en enero de ese año (2013) señalan que la regulación del cannabis con fines recreativos le quitó al mercado ilegal ganancias por más de US$22 millones;  Por otra, Buena parte de la hierba prensada e importada ilícitamente de Paraguay, que solía ser la única opción de consumo para los uruguayos, fue sustituida por flores de cannabis o cogollos domésticos de mayor calidad, que ahora se huelen por las calles de Montevideo y todo el país.

    Al mismo tiempo, hay estudios que muestran un aumento en la cantidad de consumidores de marihuana en Uruguay, donde aún existe un lucrativo mercado negro de esa droga; Más aún, la violencia vinculada al narcotráfico llegó a niveles alarmantes en el país de apenas 3,4 millones de habitantes, que en el correr de los años tuvo diferentes escándalos por el envío de grandes cargas de cocaína a Europa.

    «Cuesta mucho cambiar, no va a ser mágico», decía Mujica..

    La venta controlada de cannabis ha provocado un aumento de la violencia y sobre todo las muertes  ligada al narcotráfico, Uruguay se enfrenta a un aumento de los homicidios vinculados a ajustes de cuentas entre narcotraficantes.  La legalización de la marihuana, que se implementa lenta y progresivamente desde 2013, ha producido una disminución de parte del mercado de la droga, lo que genera tensiones por el control de los puntos de venta. 

    Se calcula que el mercado de consumo del cannabis  mueve unos 40 millones de dólares (unos 34,5 millones de euros) al año en Uruguay, de los cuales diez millones habrían pasado ya al sector legal de la economía.

    Cuando tanto dinero pasa en tan poco tiempo al mercado legal, alguien tiene que haber acusado el golpe, y justamente eso está coincidiendo con un claro aumento de las disputas localizadas en ciertas zonas, en general en barrios periféricos pobres de Montevideo, donde se ha instalado el narcotráfico.

    Capaz se estará produciendo una opresión en el mercado ilegal; En este sentido, la regulación estaría cumpliendo uno de sus cometidos, que era arrebatar el mercado de la marihuana a los “narcotraficantes”, pero a costo de muertes?

     ¿Uruguay és más seguro después de legalizar la marihuana?

    No; esa fue una fantasía, también para el origen de la legalización en Uruguay: que iba a tener efecto en reducir los crímenes relacionados a las drogas,  y fue un absurdo;  porque todo lo que conocemos sobre marihuana indica que no es una sustancia que psicoactivamente lleve a las personas a cometer delitos.

    Al contrario, en general la gente queda más tranquila. No es una droga cara ni genera tanta dependencia y entonces no se le pueden atribuir muchos delitos a los consumidores que no tienen su dosis; No es el principal negocio de las bandas. Cuando los narcos entran en conflicto no es por el mercado del cannabis si no por otras sustancias u otras cosas.

    No hay que olvidar que la mayoría de las bandas no solo venden drogas, si no que pueden traficar armas, se vinculan con los robos en barrios o con el robo de autos para vender sus piezas, o se dedican a la trata de blancas. Entonces, creer que la legalización de la marihuana puede reducir la violencia o derrota al narco es una insensatez.

    Desde que arrancó la legalización del cannabis, Uruguay ha generado estudios que miden al milímetro los efectos del proceso, algo factible en un país con pocos habitantes con buena cobertura médica y de seguridad. Además, investigadores de varias universidades reunidos en la organización Monitor Cannabis complementan los datos con estudios propios. A esto se suman las colaboraciones desde centros extranjeros, donde la experiencia uruguaya suscita un enorme interés.

    Aunque las encuestas muestran que la población es cada vez más favorable a la regulación de la marihuana, el aumento de la violencia y más en las muertes, se observa con bastante preocupación

    Es importante comprender que el problema de las drogas es multidimensional. El consumo de drogas es un problema de salud pública, y el microtráfico y tráfico son un problema de seguridad pública; esta diferenciación es fundamental y en política es necesario tratar de compatibilizar la salud pública con la seguridad pública.

    El fenómeno de las drogas es muy complejo, afecta a la salud de los consumidores y a las relaciones familiares, facilita la delincuencia, impacta negativamente en la percepción de seguridad y deteriora la calidad de vida en barrios y ciudades. Las políticas de control en general se orientan en intentar disminuir el consumo, bajo concepciones de bienestar-salud y seguridad.

    No hay una solución única para el «problema de las drogas» en parte porque es difícil describir el problema, sus repercusiones sociales, en la salud y los diferentes contextos en el  país. Criterios no científicos han encendido el debate durante muchos años.

    Históricamente, las medidas de salud pública han tenido un efecto sobre la salud de las poblaciones en todo el mundo. La esperanza de vida se ha incrementado en forma espectacular en gran medida por la aplicación de medidas de salud pública encaminadas a mejorar el saneamiento, reducir la contaminación ambiental y prevenir enfermedades infecciosas y transmisibles.

     Sin embargo, aun cuando han disminuido las epidemias de enfermedades infecciosas y transmisibles, ha crecido en importancia los riesgos para la salud asociados con los modos de vida y las enfermedades crónicas como causas de mortalidad, lesiones, enfermedad y discapacidad. Esas intervenciones subrayan la necesidad de modificar el entorno y el comportamiento individual. Las inquietudes relacionadas con la justicia, la libertad, la moralidad y otras cuestiones ajenas al campo de la salud ocupan un lugar importante en la elaboración de políticas de drogas y no debieran ser ignoradas por los expertos en salud pública.

    Los diferentes estudios indican claramente que el consumo de marihuana a largo plazo puede conducir a la adicción. Aproximadamente un 9% de quienes experimentan con marihuana presentarán adicción, y esta cifra sube a 1 de cada 6 casos que inician el consumo en la adolescencia y del 25 al 50% de adicción en quienes la consumen diariamente.

    El consumo de marihuana en adolescentes es particularmente problemático, por la mayor vulnerabilidad reportada en todos los estudios de efectos adversos a largo plazo. Esto se relaciona con que el sistema endocannabinoide presenta un desarrollo activo durante la adolescencia.

    El uso precoz y regular de marihuana predice mayor riesgo de adicción y un aumento en el riesgo de uso de otras drogas ilícitas. Quienes comienzan el consumo en la adolescencia tienen aproximadamente de dos a cuatro veces más probabilidades de tener dependencia del cannabis dentro de 2 años después del primer uso

    Los riesgos sobre el desarrollo cerebral, que transcurren en forma activa y continua desde el período prenatal hacia la adolescencia, modelados significativamente por la experiencia y las agresiones ambientales tales como la exposición a Δ9-THC.

    En estudios en animales se ha demostrado que la exposición temprana a Δ9-THC puede sensibilizar el sistema del circuito de la recompensa, el cual es esencial para el aprendizaje y contribuye a la vinculación entre una conducta y sus consecuencias. La exposición prenatal interfiere con la dinámica del citoesqueleto, que es crítico para el establecimiento de conexiones axonales entre neuronas.

    En comparación con controles no expuestos, el consumo regular de marihuana durante la adolescencia, presentan conectividad neuronal alterada (menos fibras) en regiones como precuneus, zona clave por sus conexiones implicadas en funciones con un alto grado de integración (estado de alerta y conciencia) y la fimbria, área del hipocampo importante en el aprendizaje y la memoria. La conectividad funcional reducida también ha sido reportada en redes prefrontales y redes subcorticales.

    El consumo provoca sensación de euforia, disminuye la ansiedad y el estado de alerta. Los consumidores primerizos e individuos psicológicamente vulnerables pueden experimentar ansiedad, disforia y pánico. Se puede alterar la percepción sensorial (visión de colores más brillantes, música más intensa, percepción espacial distorsionada, percepción temporal más rápida que lo real), aumenta el tiempo de reacción, deteriora la atención, la concentración, la memoria a corto plazo y la capacidad de evaluación de los riesgos.

    El efecto agudo deteriora la coordinación psicomotora e interfiere la capacidad de realizar tareas complejas que requieren atención dividida, como la conducción. El deterioro psicomotor, de cognición, coordinación y juicio dura más horas que los cambios del estado de ánimo percibidos por el consumidor, debido a la acumulación en el tejido adiposo y la liberación lenta de THC. En dosis altas provoca alucinaciones, pensamiento místico, despersonalización, grandiosidad transitoria, paranoia y otros síntomas de psicosis.

     Estos efectos son aditivos cuando se usa cannabis en combinación con otros depresores del sistema nervioso central, como el alcohol.

    Lo que puede ser bueno para uno, puede ser perjudicial para otros, la autorregulación  que pretende el estado hacer del cannabis, continuará siendo un asunto de inseguridad para el pueblo??

    CARLOS GUILLERMO BENITEZ