
Quienes me siguen en mi forma de ver las cosas, saben y son conscientes que liberados de un rol que no pretendo llevar adelante en aspectos referidos al periodismo militante, hoy puedo opinar sin compromiso alguno con nadie, con libertad en los medios en los que me desempeño.
Esto va a cuenta que no soy Dios cuando destaco, ni el diablo cuando critico. Soy libre pensador y creo tener credenciales profesionales para rebelarme ante las injusticias. Así he sido siempre, en todos los ámbitos en los que me ha tocado desarrollarme.
En los últimos días, una legisladora molesta por una opinión, a través de mi compañera de ruta, que no es periodista sino que ha aprendido a vivir desde adentro los medios por razones obvias, nos hizo cómplices de un complot, de haber enviado alguien a un lugar con el fin de generar discordias, con mensajes violentos y censuradores que no condicen con una responsabilidad democrática a la que accedió por voto de la gente y que posteriormente fueron borrados.
Están todos guardados con el fin de esperar una disculpa pública porque ni hacemos mandados a nadie, ni formamos parte de complot alguno (parece que su nueva compañía le ha contagiado el síndrome de persecución) y no necesito mostrarle mis credenciales como periodista para emitir una opinión.
Simplemente digo que si la intención era hablarlo con quien esto escribe mi celular personal figura en este portal y es de acceso público y no está bueno violentar «compañeras» que hasta hace poco tiempo la peleaban codo a codo con usted.
Esperamos, con tiempo prudencial una disculpa que haga fuerte esta democracia y que dignifique como siempre la libertad de expresión de una prensa verdaderamente libre porque caso contrario utilizaremos un mecanismo de defensa de un periodista que ha sido violentado y con pretensiones de censura,a la publicación de todos los mensajes.
Finalmente. Elevar la mira en temas que parecen ser tan importantes para Salto, como si se compró una pollera más o una menos, una suspensión sindical, no forman parte de nuestras prioridades porque este juego electorero y especulador de quienes integran un sindicato sin códigos, no son prioridades, no son importantes. Las cuestiones sindicales resuelvanla donde deban porque tristemente la historia reciente habla que lamentablemente la herramienta reivindicativa del trabajador ha pasado a ser una herramienta política más, muy enquistada para el adentro.
Daniel Caiazzo
