Nació el 16 de agosto de 1856 en el departamento de Cerro Largo, Uruguay, siendo el cuarto hijo de trece, que tuvieron Francisco Saraiva y Propicia Da Rosa. Aunque Saraiva era su apellido, en Uruguay era conocido como Saravia. Fue criado y educado principalmente en el campo; aunque también realizó estudios superiores. A la muerte de su padre, los hermanos Saravia heredaron una vasta extensión de campo, designada como la “Estancia El Cordobés”, situada en el Departamento de Cerro Largo, fronterizo con el Estado brasileño de Río Grande do Sul.
Eran tiempos en que la frontera política entre el Brasil y el norte uruguayo era casi puramente formal, y ni siquiera estaba fijada con certeza. Las relaciones económicas, sociales, y aún políticas, desdibujaban las separaciones territoriales de los Estados; de manera que los hermanos Saravia tenían vínculos muy estrechos con Río Grande del Sur.
A partir del establecimiento en Río de Janeiro del Imperio del Brasil, bajo la corona de Emperador Don Pedro I, el 1º de diciembre de 1822 -cuando
siendo Regente de la corona portuguesa, requerido a regresar a Lisboa luego de la derrota napoleónica, pronunció su célebre declaración “Eu fico” (Yo me quedo)- en ese Estado, habían surgido movimientos separatistas, que pretendían convertir a Río Grande del Sur en un Estado independiente del Imperio, la República de Piratiní. Entre ellos, los revolucionarios conocidos como los “farroupilhos” con los cuales tuvo estrechas relaciones el Gral. Fructuoso Rivera; especialmente en los comienzos de la vida independiente, cuando se enfrentaba con su sucesor en la Presidencia de la República, el General Manuel Oribe. También tuvo destacada intervención en la revolución farroupilha Guiseppe Garibaldi, quien luego participó en las contiendas bélicas ocurridas en el Uruguay.
También los hermanos Saravia tuvieron intensa vinculación con los movimientos revolucionarios riograndenses. Gumercindo Saravia, acompañado de su hermano Aparicio, tuvo una importante participación en la revolución federalista riograndense de 1893. Aparicio Saravia, junto a su hermano Gumercindo, se destacó en las fuerzas revolucionarias riograndenses; lo que determinó que habiendo fallecido su hermano en 1894, Aparicio fuera designado General de dichas fuerzas revolucionarias.
constituyó el Partido Colorado reuniendo en su seno, a su vez, a los seguidores y los líderes “colorados”.
Las contiendas civiles entre ambas corrientes políticas, jalonaron las primeras décadas de la vida política uruguaya; abundando los levantamientos armados contra los gobiernos de los sucesivos Presidentes de la República. Hasta que, finalmente, el 6 de abril de 1872, como culminación de la Revolución de 1870 (llamada “Revolución de las lanzas”, porque fue la última en que dichas armas fueron preponderantes, luego sustituidas por las armas de fuego) encabezada por el Gral. Timoteo Aparicio contra el Gobierno del Presidente Gral. Lorenzo Batlle, se realizó el acuerdo denominado “La Paz de Abril”; en la cual se estableció por primera vez el concepto de la coparticipación entre los partidos blanco y colorado en el gobierno, asignándose al Partido Nacional las “Jefaturas Políticas” de cuatro Departamentos, que constitucionalmente designaba el Presidente de la República.
En 1877 se casó con Cándida Díaz, quien fuera sobrina de Gregorio Suárez (caudillo colorado).
Durante la Presidencia de Julio Herrera y Obes (1890 – 1894), de filiación colorada, las tensiones entre los blancos y los colorados se habían incrementado; debido a que solamente otorgó a los blancos tres Jefaturas Políticas, lo que fue considerado una violación la Paz de Abril, así como de un posterior acuerdo confirmatorio extendido el 19 de febrero de 1875 entre el Gral. Timoteo Aparicio y el Presidente Pedro Varela.
Finalizada a principios de 1894 la Presidencia de Herrera y Obes, la elección de un sucesor para el período de 1894 a 1898, mediante votación en el Senado – como establecía el procedimiento constitucional – había sido sumamente difícil. Finalmente, resultó electo Juan Idiarte Borda, contra la opinión de los blancos, que se sintieron excluidos del Gobierno, y que consideraron que nuevamente los gobernantes colorados habían violado el pacto de la Paz de Abril de 1872.
El Partido Nacional – que en 1891 había constituido una fuerza militar propia – venía considerando que la revolución armada era la única forma de hacer que los colorados cumplieran los compromisos de coparticipación política. En noviembre de 1896, mientras se realizaban las elecciones para integrar el Senado que debería elegir sucesor a Idiarte Borda, Aparicio Saravia promovió un movimiento revolucionario; pero cuando el Presidente Idiarte Borda movilizó las fuerzas gubernamentales, los revolucionarios optaron por dispersarse.
En marzo de 1897, importantes fuerzas compuestas por revolucionarios blancos provenientes de la Argentina, invadieron el territorio por las costas del Departamento de Colonia, al mando del Cnel. Diego Lamas, que había sido designado Jefe de Estado Mayor de las fuerzas militares del Partido Nacional; en un ataque coordinado con otro contingente blanco al mando de José Núñez, que ingresaron por Conchillas. Simultáneamente, Aparicio Saravia tomó el mando de otro contingente revolucionario, que penetró desde el Brasil por la frontera de Aceguá.
Las fuerzas revolucionarias blancas comandadas por Lamas y Nuñez, consiguieron un importante triunfo militar contra el ejército gubernamental, en el combate de Tres Árboles. Pero días después los revolucionarios al mando de Aparicio Saravia fueron derrotados.
marzo de 1897, importantes fuerzas compuestas por revolucionarios blancos provenientes de la Argentina, invadieron el territorio por las costas del Departamento de Colonia, al mando del Cnel. Diego Lamas, que había sido designado Jefe de Estado Mayor de las fuerzas militares del Partido Nacional; en un ataque coordinado con otro contingente blanco al mando de José Núñez, que ingresaron por Conchillas. Simultáneamente, Aparicio Saravia tomó el mando de otro contingente revolucionario, que penetró desde el Brasil por la frontera de Aceguá.
Las fuerzas revolucionarias blancas comandadas por Lamas y Nuñez, consiguieron un importante triunfo militar contra el ejército gubernamental, en el combate de Tres Árboles. Pero días después los revolucionarios al mando de Aparicio Saravia fueron derrotados en el combate que tuvo lugar en Cerro Largo, en la cuchilla de Arbolito. En este último combate, murió el hermano menor de Aparicio, Antonio, llamado el “chiquito Saravia”.
El 25 de agosto de 1897, el Presidente Idiarte Borda fue asesinado a la salida de un oficio religioso en la Iglesia Catedral de Montevideo; lo que determinó que fuera sucedido por el entonces Presidente del Senado Juan Lindolfo Cuestas.
Cuestas emprendió rápidamente una acción conciliatoria con el Partido Nacional, que culminó el 18 de setiembre de 1897, en el llamado Pacto de La Cruz, por el cual finalizó la revolución y se reconoció al Partido Nacional la coparticipación en el gobierno. Además, se comprometió la aprobación de diversas leyes electorales; especialmente la que creó el Registro Cívico Nacional, dirigida a dar autenticidad a las elecciones, que fue votada el 24 de abril de 1898. El 24 de octubre fue aprobada otra ley, que reconocía la representación de las minorías en diversos cuerpos del gobierno de los Departamentos y en los órganos de control de las elecciones.Como consecuencia, Saravia convocó nuevamente a la revolución de los blancos, cuyas fuerzas se movilizaron en esos Departamentos. En marzo de 1903 reunió a 15.000 hombres para lanzarse a la lucha armada. La guerra civil fue evitada, sin embargo, por una misión que viajó a entrevistarse con Saravia, y el 22 de marzo de 1903 logró con él un nuevo pacto, en la localidad de Nico Pérez, por el cual se estableció que las Jefaturas políticas de esos Departamentos serían asignadas a ciudadanos blancos designados en consulta con el Directorio del Partido Nacional. Fue histórico el día en que desfilaron ante Aparicio despidiéndose, casi 20.000 hombres que lo vivaron al grito de “¡viva el general!” o “¡vivan los gauchos!”.
atacar a los gubernistas en la siguiente madrugada, con fuerzas de relevo, no fue cumplida, retirándose el ejército revolucionario tras la frontera, luego de lo cual prácticamente se desbandó, quedando así derrotada la última revolución civil.
Los historiadores consideran la muerte de Aparicio Saravia como el final de la era de los caudillos políticos de estampa gauchesca. Aparicio Saravia fue, sin duda, un personaje caracterizado por la adhesión que como un verdadero ídolo suscitaba en grandes masas de gente de campo su imagen de guerrero ecuestre; que recorría los campos de batalla al galope, vistiendo el clásico poncho de color blanco con que es representado.
Su muerte puso fin a la guerra civil, que se cerró con la Paz de Aceguá de 24 de setiembre de 1904; tras la cual se abrió en el país un muy extenso período de paz civil.
En ese sentido, los principales postulados políticos esgrimidos por Saravia y el Partido Nacional, dirigidos a establecer un sistema electoral eficaz y confiable, fueron quedando consagrados poco tiempo después a través de leyes y prácticas electorales que permitieron una renovación regular de las autoridades de Gobierno, y un adecuado desenvolvimiento del sistema institucional, conforme a las normas de la Constitución, mediante un sistema de elecciones que ha alcanzado un reconocido prestigio por su corrección.
“La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo”
(Gral. Aparicio Saravia)
