
Al autoproclamarnos independientes resolvimos aquello de ser libres pensadores, opinólogos desprendidos sin intereses espúreos ni destinos arreglados.
Lo hicimos desde este multimedio sabiendo que cuando la correntada cambia los «salmones» oportunistas buscan su mejor tajada.
Un aparato de comunicaciones municipal con beneficios extra salarios, contratados por el sindicato que firmó su permanencia a cuenta de ser el socio ideal del intendente a cuenta y orden del PCU, trabajando en sus extras en la campaña del NO con un desparpajo digno de ser imitado por la familia Simpson.
A eso se suma que un latiguillo instaurado en la última década sobre los «rosados» ahora en una campaña enjuagada obliga a no usar el término porque ser rosado es mala palabra.
Peor aún, lo celeste ha pasado a ser hoy una palabra impronunciable para algunos. Y justo cuando tanto nos jugamos con la celeste de siempre, la del corazón.
La estigmatización de los colores pretende atropellarnos en la razón. Como si mañana te ponés las medias rosadas o pasado la remera celeste y salís a la calle a que te analicen tu forma de pensar. La razón de la sinrazón. Los de rosados le dirán a los celestes luego del 27 rosados?. Cual es el color de la dignidad límpida que nos permite pensar en grande y que los circuitos se cumplan por naturaleza?.
Cuanto poder económico se mueve y que impide, por ejemplo, que gente de medios que precisan trabajar no puedan hacerlo a cuenta de propietarios de medios acomodados, funcionarios municipales de carrera acomodados y estructuras que solo se mueven por plata?.
No terminaremos jamás de caer del catre en esta pobre y triste realidad pero si convencidos que el catre sigue siendo el mismo.
