Desde 2.005 el departamento de Salto ha tenido tres Intendentes, Ramón Fonticiella, Germán Coutinho y Andrés Lima. Los dos primeros fracasaron en su intento reeleccionista, y ahora el tercer intendente intentará el “reenganche” que les falló sus dos antecesores, que casualmente fueron derrotados por un candidato debutante.
Asimismo, todos han dejado un suplente a cargo, el Dr. Gabrielli, el Dr. Manuel Barreiro y el LIc. Noboa respectivamente. A los dos primeros, la suplencia les dio importantes disgustos. En el caso de Gabrielli, porque el candidato a la reelección, seguía queriendo mandar hasta el último momento y la remató con la compra de la Chacra del Primo Ciriaco; en el caso de Barreiro debió hacerse cargo del agónico proceso de default y desorden general en que terminó la gestión de Coutinho. Ambos titulares y suplentes debieron enfrentar denuncias penales al terminar sus gestiones.
Antes ese esquema de coincidencias, la pregunta surge naturalmente: ¿Cómo le irá a Noboa? Los últimos tiempos de la Intendencia de Salto guardan una preocupante similitud con otros finales de gestión, con desorden, número abultadísimo de funcionarios, anuncios de cesación de pagos, (la IDS estaría en “default técnico”), con la ventaja que la dirigencia de ADEOMS, que son un “partido” ad hoc de la Coalición de las Izquierdas, mantiene en Salto la misma actitud complaciente del PIT CNT con relación al gobierno que ya termina.
Los tres ex intendentes fueron legisladores, y sus trayectorias parlamentarias han sido poco relevantes; sin intervenciones destacadas, sin gravitación política, sin capacidad de gestión ante el ejecutivo; aunque es de justicia señalar que la intrascendencia, ha sido una constante de los representantes parlamentarios departamentales.
Hay asimismo una similitud entre las tres gestiones, que es el esfuerzo sistemático de todos los jefes comunales en el sentido de terminar con el desempleo… de sus correligionarios. Fonticella contabilizó 908 ingresos, (sin contar el bochorno de los directores atornillados), Coutinho ingresó 550, y Lima, que empezó despidiendo 255 funcionarios del anterior período, pronto se puso en carrera, nombrando más de 300, completados ahora con la “legalización” de tres centenares de “contratados”, que son más o menos 600.
Tenemos entonces más de 2.000 nombramientos en 15 años, un promedio de casi tres nombramientos por semana, durante todas las semanas de cada año. ¿Puede extrañar que la Intendencia en 15 años no haya realizado ninguna obra de significación, y que termine cada período con un endeudamiento creciente, generado casi exclusivamente por el pago de sueldos viáticos y propaganda?
Cuando un esquema se repite, aunque sea con diferentes protagonistas, es razonable suponer que tendrá el mismo resultado: intendentes de un solo período, derrotados por un desafiante que aspira a debutar en el cargo. A medida que avance la campaña, podremos ver si el ciclo se repite.

