
Siempre que lo que se haga tenga un sentido unificador, de fortalecimiento, de rescate de un año que ha sido difícil para todos, vale la pena destacarlo.
Los árboles de Navidad han sido un problema siempre para el intendente que repite. Esta vez, acierto.
Se corona como un símbolo para los creyentes y para quienes no lo somos un atractivo.
Reconocer el trabajo de quienes manejaron la idea y la cristalizaron, no es muy difícil hacer gestión.
Ojalá ese árbol simbolice tiempos de reconstrucción de una comunidad golpeada, triste, castigada que necesita volver a creer que otro futuro es posible.
Daniel Caiazzo
