
Cumplidos los dos desfiles en la avenida del samba y las de comparas de negros y lubolos, las redes nuevamente expresaron su opinión. Las quejas pasaron por las demoras, las tardanzas, la oscuridad, los servicios, los baños, etc.
Muchos actores de carnaval plantaron bandera en la discusión de que es fácil hablar sin participar en la cómoda función de espectador. Y la verdad sea dicha, por primera vez lo que menos se vio fue crítica a las agrupaciones, si a la falta de organización en la fiesta más popular de todas.
Nadie criticó a las agrupaciones, por el contrario se destacó su superación, camino ascendente y desafíos a futuros, si la falta de criterio en la organización.
Los negros y lubolos ya tienen su competencia en su lugar, impuesto por el primer gobierno frenteamplista que lamentablemente en las Llamadas al Puerto tuvo cinco agrupaciones menos por falta de ideas y diálogo (inaceptable en una comisión frenteamplista).
Las escuelas de samba tienen su lugar pero no su competencia. No está bueno en el desespero de hacer ruido mezclar, carrozas humorísticas, murgas, hip hop, cabezudos no porque se ahogaron en la última creciente en Parque Harriague, sino que deberían competir solas. Con un cronograma de horarios para cada una y que los usuarios sepan que a la hora de ir a disfrutar del concurso van a ver la bajada de una comparsa de principio a fin y que hasta que esto así no sea, no largará la próxima. La idea venía bien encaminada del año pasado pero la improvisación imperó, menos para los catering post desfiles, ya que sumadas a las dos competencias, se planteaba un desfile final con todos los actores de carnaval pero bien vestidos, disfrutando, compartiendo, en calle Uruguay o donde fuera por elección popular. Todo quedó a mitad de camino y derivó en discusiones en redes donde no sabemos escucharnos, respetarnos, leernos y asumir que la opinión de todos y todas es fundamental.
