Delmira Agustini nació en Montevideo el 24 de octubre de 1886 en una familia burguesa, hija de Santiago Agustini y de María Murtfeldt. Fue una niña solitaria, educada en el propio hogar donde recibió clases de francés, de música y de pintura, a cargo de maestros particulares. La madre de Agustini tenía un carácter autoritario y absorbente que marcó la personalidad de la joven poeta. Ante su familia tenía un carácter eminentemente dócil pero paralelamente desarrolló casi en secreto su verdadera personalidad de poeta, en versos de un erotismo encendido, triunfal y agónico a un tiempo. Tenía dieciséis años cuando aparecieron publicados sus poemas y relatos en conocidas revistas de entonces: si Rojo y Blanco y La Pètite Révue; también en Apolo (revista de arte y sociología, dirigida por Manuel Pérez y Curis)., Era de ascendencia corsa por parte paterna y alemana por parte materna.
Fama y reconocimiento
A los dieciséis años escribía columnas en La Alborada. Colaboró también en una sección titulada «La legión etérea» que firmaba con el seudónimo de Joujou. En ella hacía retratos de mujeres de la burguesía montevideana que sobresalían en la vida cultural y social. Eran retratos al estilo modernista, entre los que destaca el de María Eugenia Vaz Ferreira.[3] Rápidamente se convirtió en un personaje de la vida cultural, siempre acompañada por su madre. Publicó en 1907 su primer libro: El libro blanco y en 1910 Cantos de la mañana. En 1912 Rubén Darío, el creador del Modernismo, llegó a Montevideo y fue a visitar a la poetisa y la visita lo maravilló.[4] Prologó su libro Los cálices vacíos con la siguientes palabras: «De todas las mujeres que hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini… es la primera vez que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de su inocencia y de su amor, a no ser Santa Teresa de Jesús en su exaltación… si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va a asombrar a nuestro mundo de habla española… pues por ser muy mujer dice cosas exquisitas que nunca se han dicho».[5]
Matrimonio y asesinatoEditar
Agustini se casó con Enrique Job Reyes, un joven comerciante, el 14 de agosto de 1913 y, cincuenta y tres días después, volvió a la casa de sus padres. Por ese tiempo empezó a cartearse con el escritor argentino Manuel Ugarte, al que solía ver en Montevideo. En pleno proceso de divorcio, visitó a su marido varias veces. Este achacaba la causa de la ruptura a su madre, la influencia que María Murtfeldt ejercía sobre ella. El fallo de la disolución del matrimonio fue el 5 de junio de 1914. La tarde del 6 de julio, él la citó en una habitación alquilada, allí le disparó dos veces en la cabeza, y luego se suicidó. Esta muerte violenta fue de gran trascendencia mediática presentando la prensa a ambos como víctimas de un amor irracional.[9] Según el testimonio de algunos amigos, el cuarto de Reyes estaba repleto de recuerdos y fotografías de la poetisa.[
