Hasta el más optimista de los científicos reconoce que en Uruguay faltan semanas, incluso meses, para que se alcance la inmunidad de rebaño. Ni siquiera hay un consenso en torno a cuál es ese porcentaje teórico que hace que la población inmunizada contra el COVID-19 termine protegiendo a toda una comunidad. Pero el ritmo de vacunación en algunos departamentos empieza a arrojar algunas señales alentadoras: a mayor cantidad de vacunados con las dos dosis, menor es el riesgo epidemiológico que marca el índice de la universidad de Harvard.
Rivera es el ejemplo más claro. Es el segundo departamento con más población vacunada con las dos dosis (43,75%) y es, a la vez, la zona que está más próxima a salirse del nivel de riesgo rojo (en la última semana se produjo un promedio diario de 31,18 infectados cada 100.000 habitantes, cuando con 25 se entra en zona naranja).
Aunque por ahora estas señales son tímidas y hasta casi un “consuelo” en un escenario que sigue siendo de alta transmisión comunitaria del virus, el ministro de Salud, Daniel Salinas, está pendiente de ellas. Cada día revisa con atención esa relación entre el avance de la vacunación y la marcha epidemiológica. Por eso el jerarca agrega otro ejemplo: Durazno. Es el departamento con más porcentaje de vacunados (48,32% con las dos dosis) y está entre los cinco con menor índice de Harvard. “Y eso que el Instituto Nacional de Estadísticas deja por fuera a los 3.000 operarios (de UPM) que están vacunados” y eso posicionaría aún mejor a este departamento.
Lavalleja es el segundo con menor nivel de riesgo del COVID-19 y es el tercero con mejor vacunación. Treinta yTres, Cerro Largo y Florida también confirmarían la correlación.
A la inversa, algunos de los departamentos en situación más crítica son los que vienen más rezagados en la vacunación: Salto, Paysandú, Canelones, San José y Tacuarembó.
Como los porcentajes de inmunizados siguen lejos del famoso 70% que podría garantizar la inmunidad colectiva, los científicos miran la correlación de vacunados y el ritmo epidemiológico con cierta cautela. Mucho más si se tiene en cuenta que en departamentos muy pequeños un simple brote puede hacer cambiar su coyuntura.
No obstante, el efecto vacunas sí parecería verse más claro en el corrimiento a la baja en la edad de los fallecidos con COVID-19. En concreto, la franja etaria de 70 a 79 años, que fue aquella que se vacunó más tarde y a la que le fue postergada la segunda dosis de Pfizer, es la que concentra desde hace más de un mes la cifra más elevada de muertes por día. Las defunciones entre los mayores de 80 años viene a la baja.

