Las buenas costumbres se enseñan y se respetan a pesar de los años y los lugares en los que nos toque actuar. A ejemplo alcanza aquello de si alguien te invita a almozar no pretenderás sentarte en la cabecera de la mesa del anfitrión. No corresponde. Tampoco decidir donde se sienta el anfitrión.
Eso no fue contemplado por quienes manejaron en Salto la firma de convenios entre el Ministerio de Vivienda y el Gobierno Departamental.
Es lógico suponer que en el centro de la mesa de firma y posterior conferencia se sentaran las principales autoridades, ministra e intendente y en ese mismo orden gerárquico no establecido el secretario general de la intendencia.
Cuando todo estaba dispuesto que así fuera, organizado por el área de protocolo de la intendencia, una señora que no se presentó con los medios que cubríamos la instancia, procedió a cambiar todo. La ministra al centro, el intendente a su izquierda y el secretario saliendo casi de foco. Con una prepotencia pocas veces vista y miren que hace años que andamos en estas vueltas de cruces de gobiernos nacionales y gobiernos departamentales.
La señora en cuestión cambió los lugfares, colocó un cartel del ministerio que tapó el logo institucional del anifitrión y apareció en cámaras de todos los medios las veces que quiso sin pedir permiso porque «necesitaba filmar la firmas desde atrás».
Una total falta de respeto para con el intendente y su área de protocolo, poara con el secretario general y para con los medios que nos quedamos sin saber quien es la señora que cambió a su antojo y real gana en forma autoritaria, la manera en que se iba a proceder en el acto protocolar.
Es inacepotable que algunos pesonajes como el de esta señora aparezcan desde el anonimato pensando que se llevan a todos puestos pensando, quizás, que Salto es una «tribu» de ingnorantes que aplauden la llegada de los iluminados jerarcas del gobierno nacional.
La postura del intendente (que enseguida se percató de los cambios unilaterales», del secretario y de los encargados de protocolo mostraron una altura firme en entender que el bien común era firmar y salir del incómodo momento.
Eso si, como medios debemos volver a recuperar nuestra condición de denunciadores de este tipo de «patoteadas institucionales» que poco aportan a un departamento muy golpeado en los últimos tiempos.
Alguien debería decirle a la encargada de comunicaciones (¿?) o de protocolo (¿?) del Ministerio de Vivienda, que en Salto hay reglas, costumbres y formas que fortalecen las relaciones interinstitucionales y que las mismas no pueden ni deben ser atropelladas jamás por el desenfado individualista de quien asumió decisiones que no le correspondían.
Una lamentable situación que a todos hizo vivir momentos incómodos y que no deberían volverse a repetir.

