Crónicas Peregrinas
Capitulo III
Salud, Humanidad y Ruralidad
Luego de siete horas de viaje, por una carretera en buen estado llegamos, desde Montevideo hasta Salto. Durante el trayecto, planicies interminables, verdor, leves ondulaciones y ganado fueron parte del paisaje.
Nuestros encuentros con las autoridades de salud de la zona mostraron la dedicación y compromiso con la salud de los Salteños y los otros habitantes de departamentos circundantes. El desafío constante es como mantener al personal de salud en los tres niveles de atención, a través de mejores condiciones de vida y desarrollo profesional. Identificamos buenas ideas e iniciativas que las compartimos con las autoridades de salud de la nación.
Al día siguiente nos adentramos al “Uruguay profundo” por una senda solitaria de 78 km desde Salto hasta la localidad de Valentín. Entre la llanura destaca la policlínica a cargo del Señor Doctor Ramon Soto. Un auténtico caballero enfundado en su túnica blanca, termo y mate. De amplia sonrisa y noble entusiasmo nos recibe con alegría.
Él y su reducido personal está a cargo de 6000 habitantes. Luego de la bienvenida dialogamos todo lo que pudimos sin interrumpir el flujo constante de pacientes que, esperan risueños en la estrecha sala de espera y las coordinaciones con la enfermera, quien tenía en simultaneo un paciente con cólico vesicular, la medición de constantes vitales y las demandas por información de los pacientes atendidos previamente. Ramón está atento a todo y se levanta para ir de un lugar a otro y aprontar todo. A pesar de la tensión, la gente espera con paciencia pues le quieren mucho. Ramón está 30 años al servicio de su pueblo Valentín.
Nos cuenta que todo comenzó con el sueño solidario de brindar servicios en zonas rurales. Comenzó con una iniciativa desde la universidad pública con algunos adherentes. El tiempo pasó, él permanece, aunque otros prefieren otras opciones.
Me dice: “la demanda es intensa, aunque no permanente. Es que vivo aquí. Cuando voy a efectuar visitas a los otros pueblos, la policlínica queda sin médico. Afortunadamente ahora hay un colega de relevo en las tardes. La ventaja es que vivo con mi familia a un costado del establecimiento. Mi esposa es la enfermera y trabajamos juntos. Tengo un hijo de 11 años y una hija de 24 que recién terminó medicina. Ella no creo que pueda quedarse en Valentin pues ella quiere especializarse y trabajar en hospitales.
Con orgullo me dice, que es médico rural lo que me resuena, cual tañido de gong. Sus palabras abren el baúl de los recuerdos de nuestras experiencias en pueblos rurales, donde hay mucho por hacer en contextos de incertidumbre como la dispersión poblacional, escases de recursos y profesionales de la salud poco entusiastas por permanecer en la ruralidad.
Las personas que le rodean están felices y protegidos por él y su personal, tienen una ambulancia e infraestructura necesaria para una atención integral. En medio de nuestro coloquio, la enfermera avisa que venía la ambulancia con un parto en expulsivo, así es que dejamos todo para la acción.
Afortunadamente, el Dr. Soto tiene un borrador de programa de salud rural con planteamientos realistas que pueden mejorar las redes de atención en estas zonas. Al finalizar la tarde nos encontramos con las autoridades de salud de Salto y quedamos en trabajar con base a esta propuesta. Las autoridades están de acuerdo lo que me da alegría.
El Dr. Soto quiere dejar un legado a las futuras generaciones y comparto su sueño. La salud universal es una realidad…la hacemos todos.
Pro Salute Novi Mundi
Salto 24 de mayo 2019

