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    Cepal respondió: el antes y el durante, destacan a Uruguay

    PorDaniel Caiazzo

    Ago 26, 2020

    CEPAL: la respuesta del Uruguay frente a la pandemia del
    COVID-19
    (26 de agosto, 2020)
    -En días pasados el Gobierno de la República Oriental del Uruguay hizo llegar sus observaciones respecto a la información contenida en el reporte de Covid 19 N°5 de la CEPAL. «Enfrentar los efectos cada vez más mayores del Covid 19 para una reactivación con igualdad: ” ( nuevas proyecciones 2020)
    Estas observaciones tomaron forma tanto en una nota remitida a la dirección del organismo
    como en el cordial intercambio mantenido vía telefónica entre el Sr. Ministro de Relaciones
    Exteriores, Francisco Bustillo Bonasso y la propia Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena.
    Al respecto, la CEPAL quisiera señalar lo siguiente:
    Seis meses atrás era difícil imaginar y calibrar los desafíos que la región habría de enfrentar
    en relación con el COVID-19. Las consecuencias económicas de la crisis están siendo
    devastadoras, y las implicancias sobre la salud y el bienestar de los latinoamericanos son de
    una magnitud alarmante.
    En este corto plazo, los países han implementado una variada gama de medidas para
    enfrentar la crisis, con los objetivos de fortalecer los sistemas de salud, apoyar a los
    hogares vulnerables y proveer liquidez a las empresas. Los instrumentos han sido diversos:
    reasignaciones presupuestarias, gastos presupuestarios extraordinarios financiados con
    nuevos recursos, medidas de alivio tributario, provisión de garantías de crédito, préstamos
    al sector privado y capitalización de fondos e instituciones financieras públicas, entre otros.

    La CEPAL ha señalado que en la actual situación no se puede desconocer que se necesita un
    estímulo fiscal masivo para apuntalar los servicios de salud y proteger los ingresos y los
    empleos. La magnitud de ese estímulo fiscal guardará relación con diversos factores
    coyunturales y estructurales de cada país.
    Entre los coyunturales, resulta fundamental el espacio fiscal que cada país tiene a su
    disposición para llevar a cabo sus políticas públicas destinadas a hacer frente a la crisis. Dos
    factores importantes que inciden sobre el espacio fiscal son el nivel de deuda pública y el
    resultado global de las operaciones del gobierno central. En términos generales, la evolución
    de las cuentas fiscales en la última década ha dejado a la región en una débil posición para
    hacer frente a la crisis actual, situación que se ve agravada por los menores ingresos
    fiscales asociados con la caída en el nivel de la actividad económica.
    En relación con los factores estructurales, la combinación de sistemas de protección social
    débiles y fragmentados, junto con altos niveles de informalidad, constituye un fuerte
    condicionante de la capacidad de los estados regionales de responder, a través de
    herramientas de política pública maduras e institucionalizadas, a las significativas demandas
    sociales que la pandemia acarrea.
    En este contexto, destaca la situación de Uruguay, que ha enfrentado la crisis sanitaria con
    el respaldo de poseer uno de los regímenes de bienestar más avanzados de la región
    (elemento de contexto sustantivo con el que hemos complementado nuestro propio
    informe). Sus fortalezas institucionales previas, y su gestión expedita y oportuna explican
    el éxito de una respuesta que la encumbra entre las naciones con menos víctimas mortales
    de la pandemia.
    La temprana conformación de un Grupo Asesor Científico Honorario que permanentemente
    brinda insumos al Poder Ejecutivo para la toma de decisiones constituye también un
    acertado aprovechamiento de las capacidades – en este caso derivadas de la acumulación
    en ciencia y tecnología- disponibles en el país.
    Las fortalezas del sistema de protección social uruguayo se traducen, entre otras cosas, en
    una cobertura universal en materia de salud y en un gasto corriente total en salud como
    porcentaje del PIB superior al de prácticamente todos los países de la región.
    La existencia de un programa de seguro de desempleo de larga data, que incluye una causal
    que permite el cobro de la prestación por reducción del trabajo y que tiene una bu.

    cobertura dados los niveles moderados de informalidad entre los asalariados privados –
    alrededor de 13%, la cifra más baja en la comparación regional- ha sido un pilar
    fundamental de la respuesta uruguaya frente a la crisis.
    La maduración institucional de este programa ha permitido también la rápida
    implementación de una normativa especial para flexibilizar las condiciones de acceso,
    garantizando una respuesta acorde a las particularidades de la coyuntura que se enfrenta.
    Uruguay también pudo apoyarse en el pilar no contributivo de su sistema de protección
    social durante esta crisis sanitaria.
    Las Asignaciones Familiares – Plan Equidad, un programa de transferencias monetarias
    condicionadas dirigido a niños y adolescentes de hogares en situación socioeconómica
    vulnerable, y la Tarjeta Uruguay Social, cuyo objetivo principal es permitir que las personas
    más desprotegidas accedan a los productos de la canasta básica, tienen una amplia
    cobertura y han permitido al Estado uruguayo llegar de manera eficiente a los hogares y
    personas con mayores vulnerabilidades.
    Según los datos reportados en la Base de datos de programas de protección social no
    contributiva en América Latina y el Caribe, en 2018, las Asignaciones Familiares-PE cubrían
    a 139.000 hogares, y al programa se destinaba el 0,33% del PIB. A su vez, la Tarjeta
    Uruguay Social alcanzaba a 81.000 hogares, con un gasto del 0,15% del PIB.
    La duplicación de los montos mensuales de una u otra transferencia en tres oportunidades
    hasta la fecha ha constituido un alivio frente a la pérdida de ingresos de estos hogares, y es
    un ejemplo más de cómo las fortalezas existentes en los sistemas de protección social -en
    este caso la capacidad administrativa de los programas de transferencias monetarias
    existentes- juegan un rol fundamental en la respuesta a la pandemia.
    Adicionalmente, Uruguay fue capaz de incorporar temporalmente a nuevos beneficiarios de
    la protección social, a través de la implementación de una canasta de emergencia
    alimentaria dirigida a adultos que no reciben ninguna otra prestación estatal. Los
    trabajadores informales que acceden a esta canasta alimentaria pueden hacerlo a través de
    una aplicación para celulares.
    La crisis del COVID -19 dejará varios aprendizajes para el mundo y también para la región.
    Esta experiencia le señala a América Latina la importancia de contar con sistemas de protección social fuertes, tanto en términos de la población que está integrada a los
    mismos, como en la calidad de los sistemas, procesos y capacidades de los distintos
    programas.
    La integración de todas las personas -incluyendo los trabajadores informales, aspecto
    fundamental en la región- a los sistemas de protección social es una tarea que no puede
    postergarse. Desde el punto de visto operativo, contar con registros administrativos
    actualizados, mecanismos fluidos de intercambio de información y procedimientos
    sistematizados y a la vez flexibles para dar respuesta a shocks de distinta naturaleza es
    crucial para el futuro de la región. Todo ello implica reforzar los esfuerzos de inversión en
    los sistemas de protección social de América Latina.
    Para consultas, contactar a la Unidad de Información Pública de la CEPAL.
    Correo electrónico: prensa@cepal.org; teléfono: (56) 22210 2040.