Uruguay es el país más igualitario de América Latina pero todavía hay grupos que siguen siendo susceptibles de ser excluidos y enfrentan oportunidades desfavorables, como los afrodescendientes, las personas con discapacidad, las mujeres (en particular, las jefas de hogar) y las personas trans. Cerrar las brechas existentes que dificultan su inclusión plena es posible y contribuiría a una sociedad más justa y próspera.
Afrodescendientes
Los afrodescendientes son la minoría más numerosa de Uruguay pero el 20% de ellos siguen viviendo por debajo de la linea de pobreza.
Esta comunidad sufre dificultades para acceder a servicios esenciales. Por ejemplo, 2 de cada 3 niñas o niños afro abandona el sistema educativo entre la primaria y la secundaria. También se encuentran resultados negativos en el mercado laboral (tienden a ganar 20% menos que otros uruguayos por el mismo tipo de trabajo) y en acceso a la vivienda (uno de cada cinco hogares afrodescendientes en Montevideo está en un asentamiento)
Personas trans
Uruguay fue pionero en legalizar las uniones civiles entre personas del mismo sexo, pero la población trans continúa siendo excluida.
Alrededor del 45% de este colectivo declara haber sufrido violencia debido a su identidad de género, lo que impacta en su acceso a la educación (solo el 1% completa la educación terciaria) y la salud (1 de cada 3 declara haber vivido discriminación en centros de salud). Este grupo tiene los peores indicadores laborales del país, que en el caso de los hombres trans llega al 43% de desempleados.
Mujeres
Los hogares con jefatura femenina tienen dos veces más de probabilidades de ser pobres, a la vez que ganan 25% menos que los hombres.
Además experimentan peores condiciones de vivienda y enfrentar mayores dificultades para conseguir empleos (su tasa de desempleo es un tercio más alta) Las mujeres no solo se ven expuestas a la pobreza sino a la violencia: 7 de cada 10 mujeres uruguayas han experimentado violencia doméstica en algún momento de sus vidas.
Personas con discapacidad
Cerca del 16% de los uruguayos declara tener alguna discapacidad, pero la invisibilidad estadística contribuye a la exclusión.
Quienes padecen discapacidades severas suelen vivir en hogares pobres o de ingreso medio-bajo, alcanzan menos años de educación y habitan viviendas de calidad inferior, comparados con la población en general.

