
Cuando aplaudimos que 30.000 salteños apoyaron esta renovación de confianza para con el actual intendente, dijimos claramente ajo y agua.
Fuimos conscientes desde un comienzo que la historia no iba a cambiar, se podía disfrazar, disimular, pero nunca dejar de hacer lo que se venía haciendo.
Construir una figura política desde el clientelismo, accionado y ejecutado.
Durante la administración anterior Henry Albarenque jugó el doble juego de ser personal del Ministerio de Defensa y político hasta que este medio logró se llamara a retiro porque su situación era realmente complicada, o se retiraba o era sumariado. Hizo todas, absolutamente todas. Usó dineros, bienes, vehículos públicos, hizo política, hasta que la denuncia reiterada lo obligó a retirarse de su carrera militar.
Pues bien, su líder ganó, y volvió a vivir con furia inusitada. Sabiendo que en el ambiente municipal no es querido por su formación militar adoctrinada del grito y la orden, ganó el lugar de director de movilidad.
Un cargo que le permitió por ejemplo organizar transporte urbano, tránsito, y todos los vehículos oficiales.
Fue por la primera de sus aventuras. Sin haber asumido, una semana antes de hacerlo, mandó a cerrar una oficina de coordinación a la que se opuso tajantemente el encargado desde hace 15 años del área, tránsito, Alberto Clames. El «Turko» debió aclararle que una vez que asumiera podía hacerlo, nunca antes.
Eso significó registrarlo, perseguirlo y hace lo que mejor sabe hacer, errarle el camino.
En el foco de Covid 19, Clames fue positivo y debió hacer cuarentena. Aislado, sin contacto con nadie, producto de la irresponsabilidad de una persona claramente identificada de la que nadie se hizo cargo.
Clames es funcionario de carrera y ha desarrollado una política en tránsito que inobjetablemente ha bajado niveles preocupantes de siniestralidad. No es un inventado, es alguien con conocimiento, experiencia y capacidad.
Pues bien, al querer hacerse cargo de su cargo, ganado por capacidad, al volver a trabajar se encontró con que la cerradura de su oficina, en donde cohabitan lo público y su vida privada, la misma había sido cambiada.
Imposible entrar a su propia oficina y sin explicación lógica solo una respuesta del inefable Albarenque, ex Capitán de Fragata, que haciendo uso de su poder único dijo: «transito se manejará ahora políticamente».
La verdad que los 30.000 votantes deberían hacerse cargo de lo que se vive, el acoso laboral que aplica Albarenque es tangible y nadie se hace cargo. Clames con licencia médica y el ex Capitán de Fragata tomando decisiones que le quedan muy grandes. El sindicato? Bien gracias. Se están colando voluntarios y se persiguen funcionarios de carrera. Tristeza…..
