Pasaron ya 23 años de la final de la primera Liga Uruguaya de Básquetbol y en Paysandú todavía hay una herida abierta. El equipo que era dirigido por Pablo López perdió 73-72 ante Defensor Sporting en el Palacio Peñarol, donde el arbitraje perjudicó al conjunto perdedor.
Los sanduceros atacaron por última vez con ventaja de un tanto. El objetivo era claro: tratar de consumir tiempo en el reloj. Su último lanzamiento, tomado por Claudio Charquero a cinco segundos del final, fue bloqueado por Gustavo Szczygielski con una clara infracción.
Luego de la falta, no sancionada por los jueces, Darryl Johnson tomó el rebote y le pasó la pelota a Daniel Rivero, quien corrió de cancha a cancha y terminó anotando un doble que selló el resultado. Si bien el tiro fue fuera de tiempo, los jueces lo validaron.
Juan García, uno de los dos árbitros de aquella noche, dijo pocos días después que “Paysandú fue despojado”, por lo que fue suspendido. Poco le importó, ya que decidió retirarse del arbitraje, aun siendo joven para el referato. “Me voy a morir con ese sentimiento de vergüenza”, contó a Basquet Total en una entrevista publicada en 2020.
Félix Fares “haría lo mismo”
No obstante, el otro juez reafirmó sus decisiones y este lunes volvió a mostrarse seguro de lo que hizo, en un extenso diálogo con el programa Básquetbol de Primera, de radio El Espectador Deportes.
Félix Fares, quien dentro de su extensa carrera arbitró en los Juegos Olímpicos de 1992, justificó la falta no pitada en perjuicio de Charquero, que le daba dos libres a Paysandú, explicando que sancionarla hubiera favorecido al infractor, por lo que si tuviera que volver a dirigir ese partido “haría lo mismo”.
“Lo que hice, lo volvería a hacer”, reiteró Fares, quien se amparó en un criterio FIBA en el supuesto de que Defensor Sporting cometería una falta para forzar libres y recuperar la pelota, algo que no sucedió porque los jueces terminaron favoreciendo al infractor con una decisión histórica, en el mayor escándalo arbitral que se recuerde en el básquet uruguayo.

