
En una intervención que volvió a generar repercusiones internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, participó ayer del World Economic Forum con un discurso centrado en la fortaleza económica estadounidense, fuertes cuestionamientos a Europa y un mensaje claro sobre el rol dominante de Washington en el escenario global. Trump presentó a Estados Unidos como el principal motor de la economía mundial, destacando crecimiento, empleo y competitividad, y afirmó que cuando la economía norteamericana funciona bien, gran parte del mundo se beneficia. En ese marco, sostuvo que “seis o siete países” presentes en el foro dependen casi exclusivamente de Estados Unidos, tanto en términos económicos como de seguridad, aunque evitó mencionar nombres concretos.
El mandatario aprovechó su exposición para criticar duramente a Europa, señalando que el continente “no va en la dirección correcta”. Vinculó el bajo crecimiento europeo a una combinación de políticas fiscales, energéticas y sociales que, según él, afectan la competitividad. Dentro de ese diagnóstico, incluyó una crítica directa a las políticas migratorias, advirtiendo sobre los efectos de la inmigración masiva y sin control en la estabilidad económica y social de varios países europeos. Si bien Trump no habló de una crisis migratoria puntual ni presentó cifras específicas, utilizó el tema como ejemplo de decisiones que, a su entender, debilitan a Europa frente a otras economías. Su mensaje reforzó la idea de que Estados Unidos tomó un rumbo distinto y más eficaz en materia de control fronterizo y desarrollo económico.

Otro de los puntos más controvertidos del discurso fue su insistencia en la importancia estratégica de Greenland (Groenlandia). Trump aseguró que la isla es clave para la seguridad nacional y continental de Estados Unidos, y reiteró su intención de avanzar en negociaciones para obtener control sobre el territorio. No obstante, aclaró que no recurrirá al uso de la fuerza militar, subrayando que busca una solución diplomática. En línea con su histórica doctrina de “America First”, el presidente defendió el uso de aranceles como herramienta de negociación, el fortalecimiento de la producción energética y una visión de la seguridad económica estrechamente ligada a la seguridad nacional.
El discurso dejó en evidencia una vez más el estilo confrontativo de Trump en foros multilaterales: mientras reafirma el liderazgo estadounidense, plantea un escenario de tensiones con aliados tradicionales, especialmente europeos, y reabre debates sobre soberanía, dependencia económica y gobernanza global.
