
Salto ha sido en los últimos años un departamento donde contar con un lugar que trate el consumo problemático de sustancias, se tornó difícil. Ese lugar existe en Salto con un equipo técnico, un lugar natural y una acción que contempla todos los perfiles y al que puede accederse desde lo privado pero también desde lo público institucional.
“Empezar de nuevo”, según explicó Saúl Severo, está pensado en una recuperación integral, “los privados que quieren internarse van pagan y listo. Pero quienes no tienen recursos tienen un panorama difícil, por lo que siempre orientamos a programa Hogares Asistidos de MIDES que tiene los mecanismos para que puedan acceder e ingresar a la comunidad sin tener que pagar nada. Desde que salimos a contar nuestro emprendimiento se ha generado mucho interés por parte de la gente, incluso fuera del departamento. Está bueno que se sepa que Salto tiene un equipo de salud mental formado apto para recibir a esta población para recibirlos, acompañarlos y derivarlos. Otros departamentos no lo tienen y eso debe destacarse”.
Severo agregó que “nosotros estamos dispuestos a recibir a todos quienes quieran conocer el lugar previa agenda para no interrumpir la vida en comunidad del lugar que tiene infinidad de actividades. Durante el día hay horas a donde pueden ir, incluso lo hacemos con personas interesadas en ingresar para que vean como funciona. Hogares asistidos reciben el pedido, se comunican con nosotros pero siempre teniendo en cuenta que lo más importante es la verdadera voluntad de internarse. Cuando la persona ve que realmente no puede más, que es problemática su vida, se hace la entrevista, nos pasan la ficha y ahí coordinamos el ingreso junto a su familia. La familia además tiene un acompañamiento que tiene un contacto con una especialista porque el problema no es el usuario, es el entorno y la primera línea de contención es la familia y tiene que estar preparada”.
Destacó además Severo que ha pasado que “se internan pero la familia no acompaña, pasa el primer paso y cuando vuelven a su entorno se cometen errores que los hace volver al consumo. Eso nos duele muchísimo porque sabemos que no es fácil, que es una chacra hermosa, que las actividades son espectaculares pero en realidad el tema es entender que todo es un proceso de reconstrucción, es una lucha y quienes pasan esos seis meses son guerreros. De los errores aprendemos nosotros, vamos mejorando, y somos muy exigentes. Con las familias se hacen talleres de educación, para reconocer el problema y luego herramientas para detectar conductas que van directo al consumo. Esto es como un libro abierto. La abstinencia se ve en el cuerpo de las personas, hay que evitar la crisis porque siempre hay un antes y en eso hay que trabajar. No existe un parámetro de la abstinencia, aunque generalmente la primera semana el usuario duerme mucho. A partir de ahí si comienzan con terapia. Como comunidad terapéutica la familia tiene un psicólogo para la atención externa. Hay casos muy difíciles, muy complicados y el tiempo es necesario en ese proceso de cambios que no se ven de un día para el otro”.
